Una lectura crítica sobre sesgos, conversaciones difíciles, reconocimiento, IA y nuevas formas de medir la contribución real en las organizaciones.

Llevamos año y medio incorporando inteligencia artificial a los procesos operativos y seguimos evaluando a la gente con los mismos formularios de 2019.
La contradicción es más incómoda de lo que parece, y no se resuelve añadiendo una competencia nueva al final del cuestionario.
En los últimos tres encuentros de la comunidad ha aparecido la misma escena: departamentos que han automatizado la ejecución y que siguen premiando la ejecución.
El sistema no está midiendo el trabajo. Está midiendo lo que el sistema sabe contar.
La calidad del descarte. La velocidad con la que alguien detecta que la salida del modelo está mal. Y el número de decisiones que esa persona ha sido capaz de asumir sin escalarlas.